En el bullicio de Padua de 1927, dos visionarios, Romeo Dubbini y Mario Malagoli, encendieron una chispa que se convertiría en Caffè Diemme. Era más que un negocio; era una pasión nacida de la tierra, un aroma que flotaba en el aire y la promesa de un encuentro. Tres generaciones de la familia Dubbini han mantenido viva esa llama, no solo tostando granos, sino cultivando momentos, conversaciones y la esencia misma de lo que significa disfrutar. Cada taza de Diemme es un viaje, una historia contada con cada sorbo, que se comparte ahora en más de 40 países. Es la fusión perfecta entre la tradición que ancla y la innovación que eleva, porque el café no es solo una bebida, es una forma de vivir. Live Diemme.